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Si te gustan las custom, aquí tienes una de las mejores opciones que podemos encontrar en España es la última cruiser de Suzuki, la M800, una evolución de las representantes en el segmento de la marca. Sin duda una impresionante supercruiser con algún toque “cybernético” que es una rival de altura para la dura competencia que le ha tocado este año, desde las nuevas Harley hasta la baratísima pero muy efectiva Hyosung Aquila 650. Con la calidad habitual en Suzuki, y un diseño que impresiona y gusta a todo el mundo, la probamos para poder decirte como es y como rueda esta furiosa oriental
Su estética es tradicional y “gorda”, pero no por ello renuncia a ciertos toques herederos claros también de la era “post- V Rod” como es todo el conjunto óptica-manillar- relojes, con las torretas y los indicadores cubiertos desde el frente con una cubierta de estilizadas líneas que hubiera sido impensable hace poco tiempo.
Es la heredera de una de las familias pioneras del custom en España, las Intruder, que hace unos diez años tenía la 600 más espectacular y rompedora de todas las japonesas… quizá demasiado para un bisoño mercado como el nuestro en aquel momento. Y más recientemente se incorporaron a la familia las Marauder, que se iban a llamar Desperado (nombre que me gustaba más porque disfruté mucho con el espíritu “border xplotation” de la película) y que supusieron ya un toque de aire fresco con detalles como instalar una horquilla invertida delantera.
Vemos otro claro detalle moderno en la incorporación de una pequeña pantalla digital insertada en la gran esfera central de sus relojes, con un conjunto claramente clásico.
El propulsor es prácticamente la misma base de modelos anteriores de la gama como el de la Intruder… aunque con toques estéticos que le acercan mucho a las Marauder. O sea, que es un motor de pura base custom.
Su estructura es, como mandan los cánones puramente custom, un gran V-2 masivo y muy bien terminado que sigue las líneas de los Harley y de las nuevas tendencias hasta en la situación y diseño del filtro del aire que jurarías que ha sido sacado del catálogo de algún preparador con su forma ovalada, casi de lágrima. Tiene una capa de pintura negra pulida en los bordes de los cilindros. También se ha trabajado en el sonido del motor, algo fundamental en el segmento, para hacerlo más masivo, ronco y musculoso.
Cuenta con una impecable inyección electrónica, por lo que la suavidad es una constante desde el arranque, por mucho frío que haga. La inyección tiene efectos milagrosos en grandísimos cilindros refrigerados por aire, así que imagínate en este motor de cilindrada media (para los estándares de hoy día, claro) y refrigerado por agua. Se nos quedó en unos buenos 6.1 litros, lo que demuestra que la electrónica hace maravillas en una moto que de otra forma, con sus formas poco aerodinámicas y una transmisión con más inercias y rozamientos que una cadena, gastaría bastante más.
El cambio es Suzuki, y eso es decir mucho por ser uno de las verdaderas especialidades de la casa: suave y efectivo.
En cuanto a prestaciones tiene el punto justo de potencia que distingue a una cruiser aburrida y cansina, como dirían Cruz y Raya, de una moto efectiva y válida para todo uso. Llegamos a pasar de 180 de marcador, por lo que si quieres viajar puedes llevar pasajero y carga sin tener miedo de quedarte colgado en el primer puerto que pilles “porque este tipo de motos no son para correr”, algo que sí ocurre con alguna rival directa. Básicamente, diría que tiene la potencia perfecta para ser tu custom para todo, porque hasta permite divertirte en zonas de curvas con las limitaciones que tienen las motos que no son para correr…
La Suzuki, en lo que a medidas de rueda se refiere, se decanta por unas medidas que siguen más fielmente la estética que la dinámica. No van nada mal, que conste bien clarito, pero con 130 mm delante y 16 pulgadas, y 15 con un masivo y bonito 180 detrás, el tacto de la dirección no puede ser tan exacto como en una deportiva, pero claro está que no lo pretende Es algo dura de meter en curvas, sobre todo lentas, y con un tacto algo “flaneante”, pero su excelentemente terminada horquilla y su cumplidor amortiguador trasero te dejan llevarla por donde quieras. Y bastante más rápido de lo que te imaginas. Porque, recordemos, cuenta con una horquilla invertida, algo reservado hasta hace muy poco para preparaciones realmente especiales y prueba de ello es que son muy pocas las que la incorporan de serie.
Ojo al parche, que vuelvo a repetir que estamos hablando de parámetros un poco absurdos con este tipo de motos, pero es que lo probadores tenemos que hablar de algo, ¿no? ¿Qué más da que subvire un poco, sobrevire un pelo, o el par a 4.676´7 revoluciones quizá sea mejor en una o en otra? Lo que te puedo asegurar es que en esta Suzuki el motor no será algo de lo que te arrepientas, porque si lo haces es que te has equivocado tú al elegir, no Suzuki al fabricar esta excelente custom.
Alguien que sí podrá esperar es el pasajero que le toque sufrir este asiento trasero. Es estrecho y con malas agarraderas, por lo que para ligar y llevarte a la chati (o al chato, que para eso las mujeres están liberadas, ¿no?) valen, pero en carretera y no digamos en zona de curvas no son un plato de gusto.
Esta Suzuki supura cuidado y calidad por cada uno de sus tornillos, sobre todo respecto a gran parte de su competencia: desde las curvadas torretas del manillar hasta la terminación del motor hace que algunas rivales palidezcan, aún a pesar de que personalmente no me explico como todas las custom incluso las de gamas muy, muy altas - y también esta Intruder - dejan pasar detalles como unos retrovisores de aspecto tan vulgar.
Si buscabas una moto así, no esperes ni un momento. Vete a verla a la tienda mas cercana y comprobarás como se puede combinar espíritu custom y un buen comportamiento dinámico. Sólo si frenase un poco más…
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