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Esta Ducati es capaz de transformar tu concepción de lo que significa ir en moto. Vivirás experiencias radicalmente distintas y mucho más divertidas.
Domar a la Ducati Hypermotard no es, en absoluto, una tarea sencilla. Para lograrlo, necesitarás de todos tus sentidos, y en plenas condiciones. Es lo bueno de los grandes retos, que si no están exentos de dificultad pierden su gracia, dejan de ser apetecibles. En este caso la misión se presenta complicada, pero cuando vas avanzando curva tras curva, verás que el objetivo, aunque se resista, acabará cayendo ante tu pericia.
Es indudable que estamos ante una máquina distinta que pertenece a un selecto club social formado por unas pocas escogidas, como la 990 Supermoto de KTM, la HP2 Megamoto de BMW o la recién llegada, la Aprilia Dorsoduro. Todas ellas te ofrecen sensaciones únicas, para nada comparables a las deportivas de toda la vida, ya que requieren una conducción menos clásica, más juguetona, aunque se adaptan con maestría al estilo de cada piloto. Además, ninguna de ellas comparte cilindrada, y son consideradas de la misma familia por ser únicas, especiales, deseadas, y por encima de todo, lógicas, gracias a unas caballerías aprovechables en cualquier circunstancia, y no sólo en circuitos.
En el caso de esta preciosa Ducati, que ya era una moto muy especial en su primera versión, la 1100 a secas, va todavía más allá con la S, gracias a la incorporación de algunas novedades en la parte ciclo y a nivel estético. El resultado es una moto más ligera, más vistosa, más efectiva, mejor.
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